Azul espontáneo. Instantáneo, o perpetua resistencia a teñirse de tan espiritual color. Miro hacia el cielo, y nada tengo que imponer. Un día nublado y gris, plomizo y pesado, de aroma apagado que ha tornado, como por arte de magia, jornada transparente, ligera y libiana... Me alienta el sol que, según parece, ya llevaba un par de horas brillando detrás de la amenaza de lluvia, que a llover, por voluntad ajena ha renunciado.
Una despedida. ¿Pasajera o perpetua? No lo entiendo, desearía, y deseo, un nuevo encuentro, y varios reencuentros. Pero ahora toca marchar, y dejar atrás este lugar, y no mirar nada más. Nada más allá que el autobús que me devolverá a la vida normal, normada; regular. Nómada, otra vez atascado en su regla artificial. Un abrazo. Un abrazo prolongado hasta la opresión, quiero recortar la libertad de acción, parar el tiempo en este instante en el que las campanas de la iglesia cuentan nueve; tolón, tolón, tolón...
Hasta nueve campanadas, fantaseo con la posibilidad de dejarlas pasar... Dejar correr el tiempo, no prestar mi atención al reloj, librarle al autobús de la obligación de parar. Confundirme en ese abrazo del que no quiero escapar, huir de lo que al soltarlo vaya a acontecer.
Y siento discurrir el llanto que, desde hacía tanto, se resistía a fluir. Porque estaba nublada mi visión por ese gran nubarrón, porque no era capaz de comunicarme con mi fuente de calor... ¿Por qué me pesaba tanto mi corazón?
Gracias Señor porque, aunque mojada, vuelvo a sentir en mi mirada el principio y el fin... Azul celeste; como el firmamento, añil.
Una despedida. ¿Pasajera o perpetua? No lo entiendo, desearía, y deseo, un nuevo encuentro, y varios reencuentros. Pero ahora toca marchar, y dejar atrás este lugar, y no mirar nada más. Nada más allá que el autobús que me devolverá a la vida normal, normada; regular. Nómada, otra vez atascado en su regla artificial. Un abrazo. Un abrazo prolongado hasta la opresión, quiero recortar la libertad de acción, parar el tiempo en este instante en el que las campanas de la iglesia cuentan nueve; tolón, tolón, tolón...
Hasta nueve campanadas, fantaseo con la posibilidad de dejarlas pasar... Dejar correr el tiempo, no prestar mi atención al reloj, librarle al autobús de la obligación de parar. Confundirme en ese abrazo del que no quiero escapar, huir de lo que al soltarlo vaya a acontecer.
Y siento discurrir el llanto que, desde hacía tanto, se resistía a fluir. Porque estaba nublada mi visión por ese gran nubarrón, porque no era capaz de comunicarme con mi fuente de calor... ¿Por qué me pesaba tanto mi corazón?
Gracias Señor porque, aunque mojada, vuelvo a sentir en mi mirada el principio y el fin... Azul celeste; como el firmamento, añil.
Miradas de mar.
ResponderEliminarDespedidas eternas.
Hacedores de sueños.
Gracias por tu reflejo.
Hola amigo tanto tiempo! ¿Cómo estás?
ResponderEliminarEs muy sentido lo que escribiste (Daniel o Diego creo tu nombre).
En el 2do párrafo, creo que está el nudo del reflejo junto al día, triste por una despedida que no llegue por lo que más se que quiera. No dejar ese lugar donde se "es libre", pero tiene que parar el autobús y llega el llanto.
Nos cuesta a los humanos dejar, abandonar las cosas que nos hacen sentir bien, donde parece que "realmente somos nosotros" y no lo que "deberíamos" ser, es decir, por obligación. Y se presenta el sufrimiento porque parece que dejamos parte de nosotros y es que en verdad, amigo, dejamos cada día y cada noche de nuestras vidas partes de nosotros, pero también vamos juntado, reuniendo además de los años cronológicos, la experiencia, los momentos vividos (o tal vez no, sino que imaginados) como para luego escribir para otros lo lean y por al menos por algunos momentos, tomemos otra vez consciencia que "los momentos nunca se repiten".
Como dijo Heráclito y a su manera también Platón "Nunca podrás bañarte 2 veces en el río".
Un gran abrazo amigo. Excelente. Felicitaciones!!
Jorge Luis Borges: Aprendiendo
ResponderEliminar"Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una
mano y encadenar un alma.
Y uno aprende que el AMOR no significa acostarse.
Y que una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender ....
Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza
a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende
a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es
demasiado inseguro para planes ... y los futuros tienen su forma de caerse
por la mitad.
Y después de un tiempo uno aprende que, si es demasiado, hasta el calor del
Sol puede quemar.
Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de
esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno es realmente fuerte, que
uno realmente vale, y uno aprende y aprende ... y así cada día.
Con el tiempo aprendes que estar con alguien, porque te ofrece un buen
futuro, significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos
sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad.
Con el tiempo te das cuenta de que si estás con una persona sólo por
acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.
Con el tiempo aprendes que los verdaderos amigos son contados y que quien no
lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de falsas amistades.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en momentos de ira siguen
hiriendo durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es
atributo sólo de almas grandes.
Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, es muy
probable que la amistad jamás sea igual.
Con el tiempo te das cuenta que aun siendo feliz con tus amigos, lloras por
aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona
es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser
humano, tarde o temprano sufrirá multiplicadas las mismas humillaciones o
desprecios.
Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el
sendero del mañana no existe.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas y forzarlas a que pasen,
ocasiona que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro,
sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado,
añorarás a los que se marcharon.
Con el tiempo aprenderás a perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir
que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, pues ante
una tumba ya no tiene sentido.
Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo..."