martes, 27 de abril de 2010

EXTRANJERO (Finales de agosto)

Velos de blanco satén, y ya más de noventa las noches que no han sido veladas de sábanas de papel. Recién lavadas, pulcras, higiénicas..., sin ni siquiera tener que soportar un ronquido que robase una mancha al contexto higiénico e impoluto que me imponía mi alrededor. Porque yo no me entero cuando rebuzno yo. Estuve andando cuatro semanas, y cuatro semanas no parecen suficientes para que complete su fermentación el poso, necesitaba algo más. Necesitaba parar, y mezclarme con otras formas de obrar. Soñar y que el sueño vacío, sin coros ni ruidos de fondo, me devolviera pesadillas que sopesar. Era requisito imprescindible dar lugar a que se rebelase la familia nómada de la que me quise desprender aquel día que crucé el umbral de la puerta de mi portal, y tomé el ascensor porque la mochila me empezaba a pesar.

Añoro espacios en blanco, no tener que recordar lo que he hecho, y lo que he pensado mientras tanto; lo que habría sido conveniente hacer o pensar... No haber sido capaz, por la obligación de hacerlo sin rechistar, quizás. Tantas cosas que me cuesta explicar, necesito el ajetreo del deambular, vagabundear; ser mendigo de mi propia libertad, y cada día acatar otra cura de humildad; suplicar la limosna que, por vagar sin rumbo, por el mero hecho de hacerlo, cada día se me ofrecerá... Porque la providencia proveerá.

Porque me agobia tanta certeza sin fundamento, y porque de tanta vigilancia sólo me sirve la mordaza que imponen a mis miedos dejar de dar guerra. Me sientan muy mal tantas comodidades superfluas, y apenas soy capaz de respirar en este local atestado de humo. Porque no sé apreciar las joyas que el resto consideran manjar, porque ya no me importa que no siente bien que a mi la etiqueta y el perifollo me siente fatal. Intruso, clandestino en cualquier lugar, tal vez fugitivo furtivo que en ninguna tierra encuentre destino para el destierro continuo que empiezo a abrazar. Y lo sé, hacer vida cotidiana del peregrino con botas tampoco será mi lugar... Pero, de momento, requiere mi coraje una barandilla... Al extranjero aún le hace falta una escuela de idiomas oficial en la que aprender sus primera palabras... Un día, a no mucho tardar, ya no la necesitaré.

Voy a volver a abandonarme, esta vez consciente y orgulloso de ser; dejaré atrás voluntariamente las comodidades que tan mal le sientan a mi salud; para hacerle frente a mis problemas de piel, esto es una realidad, la yaga en la que quien lo desee puede probar el grosor de su dedo incrédulo... Mis heridas no reflejan más que muchos retos que a punto he estado de volver a postergar. Por fin estoy comprendiendo, que la agonía perpetua será mi bandera; y que mi patria es un estado de paso. Que la angustia será el puente permanente que articule estados enquistados, cuanto más ligeros y pasajeros menos perjudiciales y estridentes.

5 comentarios:

  1. Volver a adaptarse cuesta mucho, te vas tres días solamente de retiro y cuando vuelves te sientes raro... me imagino vos con tanto tiempo caminando libre como un pájaro, ahora todo se ve con otro cristal.
    Será cuestión de cambiar la óptica?

    Abrazos peregrino!!!

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  2. Tras la puerta de sentir tu debilidad,
    reside tu fuerza.
    Tras la puerta de sentir dolor,
    reside tu placer y tu gozo.
    Tras la puerta de sentir tu miedo,
    reside tu seguridad y confianza.
    Tras la puerta de sentir tu soledad,
    reside tu capacidad de tener satisfacción,
    amor y compañía.
    Tras la puerta de sentir desesperación,
    reside tu esperanza verdadera y justificada.

    Beso.

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  3. amigo no debes sentirte preso,busca la forma de disfrutar,un abrazo.

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  4. gracias por poner los pies en la tierra,a una poeta en poetas...esto me da que pensar,que tu sí eres poeta, un abrazo
    lidia-la escriba

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  5. Me encanto tu blog, lo seguire, Beso desde argentina

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